Si hoy hubiera podido elegir, me habría quedado en la cama, arropada con el nórdico, en completo silencio. Me habría encantado sentir a mi niño haciéndose un ovillo a mis pies, dándome calorcito con su cuerpo. Habría abierto los ojos un par de veces sólo para disfrutar que el tiempo se ha parado para mí, que nadie va a interrumpir mi tan deseada soledad, que mi casa es sólo mía.
Cuando empezara a notar el entumecimiento propio del que apenas se mueve, me levantaría de la cama. Me dirigiría al salón y encendería la tele, pero no para verla, sino para oírla. Pondría un cd tranquilo en el dvd y abriría un buen libro, uno que realmente me tuviera enganchada. Probablemente pasarían un par de horas hasta que el hambre reforzara su presencia. En la cocina, tendría preparado algo apetitoso que tomaría en el sofá, con los pies sobre la mesita, mientras veo pero no miro un programa insulso de televisión.
Al terminar de comer, me dirigiría al estante de las películas para elegir la que más a tono vaya con mi humor, algo tranquilo, que no me desvele demasiado ya que habría empezado a tener el típico sueño de la tarde y me sentaría de nuevo en el sofá con mi gato y la mantita tras pulsar “play”.
Entonces miraría la mesa, llena de cosas y vería que aún queda algo de marihuana en una pequeña bolsa de plástico que algún amigo habría olvidado en un descuido. O quizá la habría reservado para mí. Liaría un pequeño porro y dejaría que el suave humo de la hierba impregnara el ambiente. Poco a poco mis músculos se relajarían hasta que el peso de mis párpados fuera mayor que mis ganas de seguir consciente. Caería rendida para tener un dulce sueño en el que alguien me mima sin pedir nada a cambio.
Al despertar, sería ya media tarde y alguna amiga llamaría por sorpresa a mi puerta. Reiríamos juntas y planearíamos algún viaje que nos hiciera sentir libres. Tras unas cuantas bebidas y algo de maría, encargaríamos algo de cena por teléfono tras debatir si el queso es o no un elemento imprescindible en las pizzas.
Ya entrada la madrugada, ella decidiría quedarse a dormir, se ha hecho tarde y mi casa le queda más cerca del trabajo que la suya, así que le haría un hueco en mi colchón para que los tres: mi niño peludo, ella y yo, durmiéramos plácidamente.
Y entonces, cerraría los ojos sintiéndome feliz. Tranquila y feliz.
martes, 27 de noviembre de 2007
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Antiguos amores
Estoy extrañada, más que extrañada sorprendida…aunque quizá no debería sorprenderme tanto. Hace cuatro años (uff…se dice pronto) estuve con una chica (hasta aquí, nada fuera de lo común). A lo que íbamos: estuve unos meses con una persona que hizo conmigo lo que le dio la gana y aún así, yo seguía ahí erre que erre, pensando que cambiaría en algún momento y se daría cuenta de que yo era la mujer de su vida (y como siempre pasa, ese momento nunca llegó). En fin, que tras tirarnos de los pelos un tiempo, tiré por mi camino y ahí la dejé, por dios, qué descanso cuando la dejé!!! Estuvimos dos años sin hablarnos hasta que un día decidió que quería saber cómo me iba y desde entonces hemos quedado un par de veces, hace unos meses incluso vino hasta la puerta de mi casa para vernos y de paso presentarme a su nueva novia, que, por cierto, todo hay que decirlo, habrá tenido como unas siete desde lo dejamos. Vamos, una joyita.
Pues ahora le ha dado por llamarme y preguntarme cómo me va. Me dice que tiene ganas de verme y que cuando le den su piso nuevo (uno de tantos que tiene…) que le gustaría que le hiciera una visita. Y mis preguntas son: ¿por qué ahora? ¿visita para qué? ¿y la novia? En menos de un mes me ha llamado 3 veces y yo a ella una, por eso de que era su santo…y ayer me vuelve a llamar a la hora de comer. De verdad, creo que cada día entiendo menos a las mujeres. Cierto es que desde que sabe que lo dejé con mi ex, me llama más a menudo, pero…no quiero ser malpensada…
Tengo un recuerdo borroso del tiempo que pasamos juntas y casi todo lo que recuerdo es en la cama, será que era lo único bueno de nuestra relación??
Cuando me llama me siento muy rara, es como hablar con una desconocida que en su momento era íntima y con la que ahora no te une nada más que un poco de vida en común, ya que el presente retrata a dos mujeres diferentes con un camino hecho cada una por su lado.
A veces encuentro similitudes entre aquella época que me tocó vivir y la actual. Viví en un año tantas experiencias que a veces me sobrepasaban. Ahora me pasa algo parecido, pero nunca igual.
Qué será lo próximo de esta mujer?
Pues ahora le ha dado por llamarme y preguntarme cómo me va. Me dice que tiene ganas de verme y que cuando le den su piso nuevo (uno de tantos que tiene…) que le gustaría que le hiciera una visita. Y mis preguntas son: ¿por qué ahora? ¿visita para qué? ¿y la novia? En menos de un mes me ha llamado 3 veces y yo a ella una, por eso de que era su santo…y ayer me vuelve a llamar a la hora de comer. De verdad, creo que cada día entiendo menos a las mujeres. Cierto es que desde que sabe que lo dejé con mi ex, me llama más a menudo, pero…no quiero ser malpensada…
Tengo un recuerdo borroso del tiempo que pasamos juntas y casi todo lo que recuerdo es en la cama, será que era lo único bueno de nuestra relación??
Cuando me llama me siento muy rara, es como hablar con una desconocida que en su momento era íntima y con la que ahora no te une nada más que un poco de vida en común, ya que el presente retrata a dos mujeres diferentes con un camino hecho cada una por su lado.
A veces encuentro similitudes entre aquella época que me tocó vivir y la actual. Viví en un año tantas experiencias que a veces me sobrepasaban. Ahora me pasa algo parecido, pero nunca igual.
Qué será lo próximo de esta mujer?
domingo, 11 de noviembre de 2007
Balance
Este año me ha sacado de mi vida a empujones, le ha dado la vuelta a mi existencia y me ha puesto entre la espada y la pared, clavándome la espada, varias veces. En algunas ocasiones no sientes el dolor hasta que el calor de la sangre empieza a recorrer tu cuerpo y entonces te das cuenta de que tienes que curarte, aunque eres consciente de que la cicatriz dejará una marca visible a los ojos de cualquiera que se acerque un poquito a mirarte.
Así que te das a los remiendos, remiendos inútiles que sólo calientan tu cama pero no tu alma, remiendos que parecen ser más fuertes de lo que luego resultan ser, parches reutilizados una y otra vez que siempre están dispuestos a tapar tu hemorragia emocional... Pero un día te levantas y te das cuenta de que sin tu voluntad, nada de eso es efectivo. Te das cuenta de que las transiciones son necesarias, que has descubierto un mundo nuevo aunque las heridas sean viejas conocidas y que tienes que tomar decisiones, salir de tu encierro y arriesgar.
Yo he decidido apostar por mí. Es hora de seguir, sola o acompañada. Necesito salir de este agujero del todo. Poco a poco han ido tirando de mí y ahora creo que la salida triunfal he de hacerla por mí misma para completar el círculo. Necesito hacerlo para volver a sentirme dueña de mi vida y dejar de depender de los demás. Estoy más fuerte de lo que pensaba en un principio, me veo muy capaz de continuar sin arrastrar los pies, sino con paso firme.
Aún queda mes y medio para que el 2007 termine. Para mí, este año y todo lo que ha traído consigo, termina hoy.
Así que te das a los remiendos, remiendos inútiles que sólo calientan tu cama pero no tu alma, remiendos que parecen ser más fuertes de lo que luego resultan ser, parches reutilizados una y otra vez que siempre están dispuestos a tapar tu hemorragia emocional... Pero un día te levantas y te das cuenta de que sin tu voluntad, nada de eso es efectivo. Te das cuenta de que las transiciones son necesarias, que has descubierto un mundo nuevo aunque las heridas sean viejas conocidas y que tienes que tomar decisiones, salir de tu encierro y arriesgar.
Yo he decidido apostar por mí. Es hora de seguir, sola o acompañada. Necesito salir de este agujero del todo. Poco a poco han ido tirando de mí y ahora creo que la salida triunfal he de hacerla por mí misma para completar el círculo. Necesito hacerlo para volver a sentirme dueña de mi vida y dejar de depender de los demás. Estoy más fuerte de lo que pensaba en un principio, me veo muy capaz de continuar sin arrastrar los pies, sino con paso firme.
Aún queda mes y medio para que el 2007 termine. Para mí, este año y todo lo que ha traído consigo, termina hoy.
Historia de una relación
Años atrás, siempre fue para mí una sombra, fría y distante que no dejaba que nadie se acercase sin pedir permiso primero. Procuraba mantenerme a una distancia prudente, no parecía gustarle demasiado. Pero empezamos a cuidar de la misma persona, mimarla para que saliera de su tan difícil existencia y nos fijamos el uno en el otro. Nuestra relación comenzó en el mismo momento en el que reímos juntos.
Antes de que pudiera darme cuenta, nos buscábamos con la mirada a través de la gente, sin dejar de movernos al ritmo de la música. Un par de tíos se acercaron a mí, proponiéndome algo que me hizo reír a carcajadas ante su asombro y continúe mi camino cruzando el río de personas que nos impedían vernos con claridad. Ahora podía verlo, más cerca, rodeado de amigos y con aquella sonrisa que provocaba unas ligeras arrugas en la piel cercana al rabillo del ojo.
Me di cuenta de que se preocupaba por mi bienestar cuando comenzó a sorprenderme con pequeños detalles. Detalles que me hicieron sentir como en casa con un completo desconocido, el cual se había molestado en conocer mis gustos, mis manías y mi sentido del humor…”Cuando ella no esté”, me decía, “yo quiero seguir viéndote”. La primera vez que oí estas palabras, sentí esa conexión, pero no las creí de verdad hasta que un día me vi sentada en su sofá, los dos solos, sin más música que nuestras voces, como mucho algún disco al que la mayoría de las veces no hacíamos demasiado caso.
Alargó el brazo hacia mí sin girar la cabeza ofreciéndome un cigarrillo, un cigarrillo con marca de nombre imposible que había comprado en algún lugar donde los hombres viven y las mujeres se dedican a intentar pasar lo más desapercibidas posibles. Lo cogí, sin poder evitar esbozar una sonrisa nada inocente. Su mejor amigo sacó el mechero de un bolsillo del pantalón y lo encendió comentándome al oído algo sobre drogarnos juntos en el baño. Negué con la cabeza exhalando el humo de mi primera calada. Se marchó hacia el aseo en compañía de otra persona.
Empecé a darme cuenta de que estaba equivocada. Que aquel ser distante era, en realidad, alguien que había sufrido lo indecible y aún así siempre tenía una sonrisa en los labios. Siempre viví la otra verdad, no fui consciente del daño infringido hasta que me metí de lleno en su vida.
El móvil empezó a sonarme, lo saqué del bolsillo y descubrí que era su número entre extrañada y divertida. "¿Hola?”, contesté yo. “¿Dónde estás? No te veo”, me dijo una voz grave y pausada. Comencé a sonreír de camino, me hice paso entre la gente y le cogí por detrás. “¿Dónde voy a estar?”, contesté entre risas. “Pensé que te habías ido sin decirme nada”, dijo.
Y me quedé…
Antes de que pudiera darme cuenta, nos buscábamos con la mirada a través de la gente, sin dejar de movernos al ritmo de la música. Un par de tíos se acercaron a mí, proponiéndome algo que me hizo reír a carcajadas ante su asombro y continúe mi camino cruzando el río de personas que nos impedían vernos con claridad. Ahora podía verlo, más cerca, rodeado de amigos y con aquella sonrisa que provocaba unas ligeras arrugas en la piel cercana al rabillo del ojo.
Me di cuenta de que se preocupaba por mi bienestar cuando comenzó a sorprenderme con pequeños detalles. Detalles que me hicieron sentir como en casa con un completo desconocido, el cual se había molestado en conocer mis gustos, mis manías y mi sentido del humor…”Cuando ella no esté”, me decía, “yo quiero seguir viéndote”. La primera vez que oí estas palabras, sentí esa conexión, pero no las creí de verdad hasta que un día me vi sentada en su sofá, los dos solos, sin más música que nuestras voces, como mucho algún disco al que la mayoría de las veces no hacíamos demasiado caso.
Alargó el brazo hacia mí sin girar la cabeza ofreciéndome un cigarrillo, un cigarrillo con marca de nombre imposible que había comprado en algún lugar donde los hombres viven y las mujeres se dedican a intentar pasar lo más desapercibidas posibles. Lo cogí, sin poder evitar esbozar una sonrisa nada inocente. Su mejor amigo sacó el mechero de un bolsillo del pantalón y lo encendió comentándome al oído algo sobre drogarnos juntos en el baño. Negué con la cabeza exhalando el humo de mi primera calada. Se marchó hacia el aseo en compañía de otra persona.
Empecé a darme cuenta de que estaba equivocada. Que aquel ser distante era, en realidad, alguien que había sufrido lo indecible y aún así siempre tenía una sonrisa en los labios. Siempre viví la otra verdad, no fui consciente del daño infringido hasta que me metí de lleno en su vida.
El móvil empezó a sonarme, lo saqué del bolsillo y descubrí que era su número entre extrañada y divertida. "¿Hola?”, contesté yo. “¿Dónde estás? No te veo”, me dijo una voz grave y pausada. Comencé a sonreír de camino, me hice paso entre la gente y le cogí por detrás. “¿Dónde voy a estar?”, contesté entre risas. “Pensé que te habías ido sin decirme nada”, dijo.
Y me quedé…
viernes, 9 de noviembre de 2007
Déjame nacer que tengo que inventarme
Esta semana he tomado una decisión que pensé que no llegaría nunca. No me sentía preparada e intentaba engañarme a mí misma y a los demás. Sentir y no ser correspondida duele demasiado. Han sido muchos meses de afrontar pesadillas en la soledad de mi corazón. Al principio sólo buscaba mi sitio, ya que cuando te destronan, te quitan el cetro y te echan a la calle del castillo que tú ayudaste a construir con tus propias manos, te vuelves loca.
A veces, las vías que encontramos las personas para decir las cosas no son las más adecuadas: no recapacitamos, o por el contrario, recapacitamos demasiado. Yo procuro hacer siempre las cosas lo mejor posible, ya que suelo pararme a pensar en la otra persona y en cómo se podrá sentir.
Alguien que conozco se pregunta: "Cuando se comienza a caminar solo?". Caminar solo. Supongo que hay momentos en la vida en los que se camina muy solo, otros con demasiada compañía, otros con la compañía justa y, en muy pocos momentos se camina de la mano con alguien que te quiere y te respeta. Que cada uno traduzca esa persona en su acompañante ideal.
Yo todavía no conozco a ese acompañante, y en demasiadas ocasiones me pregunto si existirá ese alguien que me agarre fuerte para no caerme durante toda la vida y que me dé lo que siempre he buscado en una persona. Por el momento aquellas personas que me han amado y/o a las que yo he querido, ya no ocupan ese lugar. Algunas han subido de nivel, convirtiéndose en mujeres imprescindibles que me miman y cuidan igual o más que cuando éramos pareja. Otras, se han quedado en este camino al que algunos llamamos vida y no he vuelto a tener ni una sola noticia (tampoco suele interesarme, para qué vamos a engañarnos). Y otras, siguen teniendo un huequito dentro de mí, que espero expulsar pronto como un cáncer que te roe las entrañas y agota la mente, cansada de luchar contra algo que no se elige.
De momento, ya me he propuesto apartar definitivamente de mi vida a alguien que tuvo en su poder mi cuerpo y mi mente durante tres años. Ha sido muy duro darme cuenta de que hay personas que se van de tu vida y no quieren volver. En demasiadas ocasiones no hay explicación y te vuelves loca tratando de entender qué ha pasado, por qué te alejan de esa manera si no has hecho nada para merecerlo. Pero lo hacen. Y te quedas con cara de idiota, confundida, desconcertada, gritando, llorando y riendo cuando la locura ya hace estragos en tu interior.
Adiós...
Hoy empiezo a vivir sin ti. No más felicitaciones de cumpleaños, no más correos, no más levantarme y acostarme pensando si me echarás de menos, no más dudas sobre mí misma. Sé muy feliz.
A veces, las vías que encontramos las personas para decir las cosas no son las más adecuadas: no recapacitamos, o por el contrario, recapacitamos demasiado. Yo procuro hacer siempre las cosas lo mejor posible, ya que suelo pararme a pensar en la otra persona y en cómo se podrá sentir.
Alguien que conozco se pregunta: "Cuando se comienza a caminar solo?". Caminar solo. Supongo que hay momentos en la vida en los que se camina muy solo, otros con demasiada compañía, otros con la compañía justa y, en muy pocos momentos se camina de la mano con alguien que te quiere y te respeta. Que cada uno traduzca esa persona en su acompañante ideal.
Yo todavía no conozco a ese acompañante, y en demasiadas ocasiones me pregunto si existirá ese alguien que me agarre fuerte para no caerme durante toda la vida y que me dé lo que siempre he buscado en una persona. Por el momento aquellas personas que me han amado y/o a las que yo he querido, ya no ocupan ese lugar. Algunas han subido de nivel, convirtiéndose en mujeres imprescindibles que me miman y cuidan igual o más que cuando éramos pareja. Otras, se han quedado en este camino al que algunos llamamos vida y no he vuelto a tener ni una sola noticia (tampoco suele interesarme, para qué vamos a engañarnos). Y otras, siguen teniendo un huequito dentro de mí, que espero expulsar pronto como un cáncer que te roe las entrañas y agota la mente, cansada de luchar contra algo que no se elige.
De momento, ya me he propuesto apartar definitivamente de mi vida a alguien que tuvo en su poder mi cuerpo y mi mente durante tres años. Ha sido muy duro darme cuenta de que hay personas que se van de tu vida y no quieren volver. En demasiadas ocasiones no hay explicación y te vuelves loca tratando de entender qué ha pasado, por qué te alejan de esa manera si no has hecho nada para merecerlo. Pero lo hacen. Y te quedas con cara de idiota, confundida, desconcertada, gritando, llorando y riendo cuando la locura ya hace estragos en tu interior.
Adiós...
Hoy empiezo a vivir sin ti. No más felicitaciones de cumpleaños, no más correos, no más levantarme y acostarme pensando si me echarás de menos, no más dudas sobre mí misma. Sé muy feliz.
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